Fotografía de viajes como introspección personal (I)

El destino es aquello en lo que evitamos pensar, es un concepto del que obviamos hablar, al igual que la muerte. El destino es algo que flota en el ambiente, invisible, imperceptible, pero presente. Es algo que hemos aceptado en nuestras vidas, porque desde que nacemos, y al igual que con la muerte sucede, el destino ya ha sido escrito y asignado para cada uno de nosotros.

O al menos eso es lo que yo pensé cuando en el año 2011 dejé España para vivir y trabajar en el maravilloso y bello país de Sudáfrica. Jamás habría creído en las semanas previas antes de irme, que mi vida tomaría ese camino, ni siquiera había sentido curiosidad por vivir fuera de España, no estaba planeado. Sin embargo tuve que aceptar que había perdido mi trabajo en España por la crisis, y por tanto, di un paso al frente y marché al sur del continente africano. Cuando una puerta de cierra siempre se abren más opciones ante nuestros ojos.

 

Comencé a fotografiar para poder contar momentos

 

El destino siempre va un par de zancadas por delante de nosotros, marcándonos el camino, como el faro sobre el acantilado, que guía a los barcos pesqueros y les indica el camino de vuelta a tierra tras faenar.

Cuando llegué a Sudáfrica quedé prendado inmediatamente por la belleza de los paisajes, de su naturaleza majestuosa y de la cultura singular y maravillosa. Era tan abrumador todo lo que mis sentidos estaban percibiendo que no encontré las palabras exactas para poder explicar y narrar a mis familiares y amigos lo que sentía, lo que mis ojos observaban, en definitiva, todo aquello tan mágico y especial que estaba sintiendo. Sin embargo, el destino ya había previsto que este momento llegaría, y para ello me concedió el instrumento más fantástico creado por el ser humano: una cámara de fotos…

… y entonces, descubrí la fotografía.

Desde ese momento comprendí que con la cámara podría aglutinar toda esa nueva información que me rodeaba, sin necesidad de tomar notas de todo, porque las fotos que iba tomando podrían explicar mejor que yo con mis propias palabras lo que veía, lo que sentía. Así pues comprendí que la fotografía también era un medio de expresión, un transporte intergaláctico, capaz de llevar a mis seres queridos a la mismísima África, y hacerles sentir que es lo que yo podía ver, palpar, respirar, sentir…

… y la fotografía me ayudó a contar historias a través de imágenes.

Y terminé transformando pequeños momentos en grandes historias fotográficas

 

A partir de mi aventura en África comencé a viajar por el mundo como un poseso, en busca de más sensaciones e historias que llevar a la mochila de la vida. Una vez entras en la espiral de la aventura ya no hay vuelta atrás, lo desconocido es como la heroína más pura del mercado… si te aventuras al mas allá nunca querrás volver.

Un viaje fotográfico es sin duda es un ejercicio puro de introspección personal, de ponerse a prueba a uno mismo, solo, desnudo, contra corriente. Viajar a la aventura significa lanzarse al vacío sin salvavidas, sin saber qué sucederá, pero no importa, porque el destino seguirá siendo nuestro guía en este viaje de reflexión personal y de observación exterior.

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